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Camilo Escalona, secretario general del PS: “Los impuestos a las empresas son bajos\

Que la Concertación pague ahora parte de su deuda social es un reto ineludible, según el histórico hombre fuerte de la izquierda socialista. Para eso, dice, “habrá que afectar los intereses de los grandes consorcios económicos”, y poner en la agenda el tema del alza de los tributos. También habla de la sospecha de su influencia en las decisiones de la Presidenta.

Mirko Macari
Nación Domingo

Menos glamoroso, mediático y simbólico que el juramento de ayer de Bachelet como Presidenta fue el de los nuevos parlamentarios. Pero no menos relevante para la cocina chica de la política. Es que aunque el “compañero” Camilo Escalona –como le dice la recepcionista de la sede del PS– ya conoce los vericuetos del Congreso como diputado, ahora subirá de pelo desde su asiento en el Senado. Lo que no cambiará es su aura de hombre fuerte, clave en el circuito del poder concertacionista, la que, al menos subjetivamente, ha aumentado desde que Michelle Bachelet entró a la carrera presidencial.

–¿Es usted el factótum de Bachelet, como dice la prensa?

–No.

–¿Eso es un invento?

–No tengo por qué hacer comentarios.

–¿Qué le parece que digan esto?

–Dentro de los múltiples entredichos, sospechas y comentarios de si acaso una mujer es capaz de gobernar, están estos de que hay personas que serían las que en realidad dirigirían, y no ella. Más allá de que me afecten en lo personal, significan una ofensa a la Presidenta y a sus capacidades. Son parte de un mundillo de opinólogos de corto plazo, que en el fondo se corresponden con este dilema de género para los próximos cuatro años, que es si existen las condiciones para que una mujer gobierne el país, algo de lo que yo estoy convencido.

–¿Hay machismo detrás de ese comentario o intención de aportillar su Gobierno?

–Las dos cosas. Creo que hay un machismo de muchas personas, y también la intención de instalar la sospecha en Michelle Bachelet como figura política.

–Defina su relación con ella.

–Respecto de la Presidenta Michelle Bachelet, tengo una relación de dirigente político que la apoya, sin condiciones de ninguna especie.

–Y respecto de Michelle.

–Respecto de Michelle, no de la Presidenta, me siento amigo.

–¿Cómo se hace esa distinción cuando uno de los dos es Presidente de la República?

–Es complicada para mí, sobre todo por esta sospecha de poderes anónimos que decidirían materias que le incumben como Jefa de Estado y de Gobierno. Eso, desde el punto de vista de la amistad, me ha resultado enteramente perjudicial, porque debo evitar alimentar esa insidia y, claro, eso afecta la amistad.

–¿Usted se propuso hablar menos con ella?

–Prácticamente no hablo con ella casi nunca, y casi no la he visto desde la segunda vuelta.

–¿Y este tema lo conversó con ella?

–Le di mi punto de vista respecto de esta materia.

EL GABINETE

–Entre 1 y 10, ¿cuál fue su nivel de sorpresa con el gabinete de Bachelet?

–De sorpresa, 8.

–¿Qué le sorprendió?

–La paridad de género y las nuevas caras.

–Pero si ella lo había anunciado.

–Lo había dicho, pero, como soy un político más tradicional, pensé que la paridad de género se iba a reflejar en una relación 60-40, por decirlo de alguna manera. Segundo, que se inclinara por caras nuevas de la manera en que lo hizo, también es súper fuerte. Es muy valiente de su parte. Se ha hablado de que el PPD se siente perjudicado, pero yo voy a nombrar a las siguientes personas: Jaime Estévez, Ricardo Solari, Mario Marcel, Juan Gabriel Valdés, cuatro socialistas que podrían haberse constituido en ministros de Estado.

–Usted es un hombre tradicional de política. ¿Cuál es el sentimiento de estos personeros que se han quedado afuera?

–Es doloroso para cualquiera, pero está bien que ella involucre en la más alta dirección del Estado a personas que, teniendo las condiciones, no habían estado hasta la fecha. Es una decisión sumamente valiente, y todo un desafío político con mayúscula.

–¿Pero cuál es la sensación que hay en los partidos?

–En el Partido Socialista hay conformidad, no hay ni una gota de resentimiento.

–Da la impresión de que la Presidenta sacó la pelota de la cancha de las cúpulas partidistas. ¿O no?

–No sé si de las cúpulas partidistas, pero ella está con la firme voluntad de renovar el elenco de figuras concertacionistas y dejar una nueva generación con capacidad de gobernar. Eso es un desafío político mayor que nosotros respaldamos, más allá del dolor que nos signifique que uno u otro amigo no haya sido nombrado ministro, porque permite proyectar la Concertación a futuro.

–¿El estancamiento de estos nombres de dirigentes y líderes era una amenaza para la Concertación?

–Creo que repetir los mismos nombres en el gabinete daba una sensación de inactividad en la coalición, de falta de desarrollo, y Michelle lo enfrentó con mucha valentía.

–No pocos analistas señalan que la molestia que habría en los partidos se va a manifestar en el Congreso. ¿Cómo lo visualiza usted?

–Es posible. No voy a negar completamente que si a un senador le tocó un intendente que no le gusta, eso lo revierta en una posición díscola en Valparaíso. Puede ser. Sin embargo, creo que la naturaleza del programa de Michelle Bachelet hará muy difícil el coqueteo con las irresponsabilidades. O sea, sacar adelante la reforma previsional, que significa ni más ni menos que afectar los intereses de los consorcios económicos que controlan el sistema, y que por la vía de las aseguradoras de las pensiones dirigen cerca del 40% del producto nacional anual, es un desafío social y económico mayor. Es más grande que ninguno de los desafíos económicos de los anteriores gobiernos de la Concertación, y no va a haber espacio para la displicencia o el coqueteo con los vecinos de la derecha para salirse de la fila.

–Se ha dicho que en los gobiernos de la Concertación nunca hubo agua en la piscina para afectar tan directo esos intereses económicos. ¿Hay agua en la piscina ahora?

–Agua en la piscina en un sentido subjetivo. Alejandro Foxley dice que la derecha y sus medios de comunicación siempre miran hacia la Concertación, como el alcohólico que se hizo un tratamiento, pero que siempre está en la sospecha de la reincidencia. Entonces, a pesar de que la Concertación logró manejar bien la economía, siempre está la sospecha de que nuevamente se va a dar la farra. Sin embargo, creo que la excelencia del manejo que tuvo Eyzaguirre permite a la Concertación decir “dejémonos de cuentos, ya está bueno de esta chiva, no levantemos más fantasmas”, y tenemos un cuadro económico que sí permite preocuparnos de un tema tan agudo como el de las pensiones.

–O sea, hay agua en la piscina

–Ahora no hay excusas, ni para la Concertación ni para la derecha: no hay argumento para decir “mire, tenemos un millón y medio de personas que viven en la miseria, pero no lo podemos resolver, así que dejémoslo para el futuro”. La reforma previsional es ineludible en el cuadro actual que vive Chile. Habiendo un gran tema de país de por medio, eso raya la cancha. Cuando no lo hay, lógico que cada parlamentario se va por la propia, se da su gustito.

–Y del 1 al 10, ¿cuál es el grado de conformidad en la Concertación con los nombramientos de Bachelet?

–En la Concertación es otra cosa. Creo que debe estar como en un 6, y en el Partido Socialista oscila entre el 8 y el 9.

–El PS sube el promedio, lo cual significa que en el resto de los socios es más bajo.

–Puede estar en 5, creo, en algunos. No voy a decir en cuáles, pero se puede adivinar.

–¿Y habrá algunos bajo 5?

–Pudiera ser que hubiera algunos bajo 5.

–¿Existe gente en la Concertación con ganas de pasarle la cuenta a la Presidenta?

–Es que eso de pasarle la cuenta es una afirmación muy dura. Sé que hay algunos descontentos, pero no veo en la Concertación ánimos de rupturas o quiebres.

EL “CIRCO” DE LOS EMPRESARIOS

–¿Es Expansiva el nuevo partido eje del oficialismo?

–Creo que es otra exageración, están construyendo un mito. La gente se junta por afinidades, y uno puede decir que si están en Expansiva pueden tener grandes afinidades de tipo profesional o intelectual, pero creo que se está sobrevalorando a Expansiva, en el sentido de que ésta constituya un cuerpo de ideas coherente, desarrollado, sistemático, que como colectivo proponga un sistema de gobierno alternativo. Eso no lo tienen.

–Pero es un referente.

–No es un referente tampoco, con todo el respeto que me merecen esas personas por su alto valor intelectual individual, pero como colectivo no conozco un cuerpo sistemático de ideas que lo transformen en un referente.

–Comparten un conjunto de valores, una mirada.

–Pero esos valores son valores de la Concertación, los valores de la libertad, del desarrollo, del crecimiento.

–¿No cree que ellos tienen una cierta mirada de la cosa pública que los identifica?

–En la Concertación hay procesos y miradas que están en pleno desarrollo, y eso es positivo. Cuál es la manera en que este colectivo humano se inserta en esa evolución de las ideas de la Concertación, está por verse. Pero se está inflando una influencia, independientemente del valor individual.

–Lo que predomina en ellos es un acento liberal. ¿Usted cree que esta mirada liberal es la correcta para avanzar en la agenda social?

–En la tarea de los próximos años, el crecimiento económico, los espacios para la inversión, las garantías estables, son una dimensión. Pero desde el pequeño productor campesino, el pescador artesanal, la pobladora que va al consultorio, todos en Chile hablan del fortalecimiento de las políticas públicas. De modo que, sin desconocer que requerimos mantener el dinamismo económico, aquí el desafío esencial del Gobierno de Bachelet son las políticas que garanticen la integración del país, que no tengamos una educación segregada como la que tenemos hoy día, donde hay educación de primera, de segunda, de tercera, de cuarta, de quinta, de sexta... de décima calidad.

–Que se limita a reproducir el sistema social.

–Que produce el sistema social. Pero recién empezamos a caminar en el tema de la salud, la atención primaria en algunas zonas del país continúa siendo francamente pésima; el crecimiento explosivo de las ciudades sigue manteniendo gente con pozos negros, sin alcantarillado y sin agua potable. Son sectores sociales completos que sin políticas públicas van a perecer. Entonces es perfectamente posible caminar y mascar chicle. Si nosotros, socialistas, entráramos en una actitud como la de hace 30 o 40 años atrás de descalificar por prejuicio ideológico a personas con las cuales perfectamente podemos concordar un proyecto de país común, sería una estupidez.

–¿Está pensando en Andrés Velasco?

–Sí, en Velasco, y en esto que se ha dado en llamar ahora Expansiva.

–Que son liberales en materia económica.

–Sí, podría ser, pero no sé si son tan liberales en materia económica, porque sé que son profesionales de altísima calidad, pero no conozco un cuerpo de ideas coherentes, sistemáticas, estables en el tiempo, duraderas, que se puedan llamar proyecto liberal en Chile.

–Usted presidía la Comisión de Hacienda de la Cámara. ¿Comparte la idea, por ejemplo, de que no es necesario subir los impuestos a las utilidades de las empresas para superar los niveles de desigualdad, que han aumentado en los últimos años?

–Eso lo dijo Velasco. Él estimaba que una idea que yo he planteado está fuera de discusión, y en ese punto estoy en desacuerdo con Velasco, porque creo que un Gobierno que comienza tiene que tener la disposición de conversar todos los temas. Yo he propuesto el financiamiento de las externalidades negativas del crecimiento en determinados territorios, siguiendo el lenguaje económico.

–Es decir...

–Por ejemplo, en la X Región la industria del salmón superó la barrera de los 1.700 millones de dólares el 2005, pero los caminos sufren las consecuencias de ese desarrollo explosivo, el aeropuerto está colapsado, llegan decenas de personas a vivir a la región, los consultorios se abarrotan, la atención primaria no resiste, las escuelas no dan abasto. De acuerdo a los mecanismos normales de financiamiento, eso no tiene respuesta. Por eso dije que tenemos que generar un mecanismo de financiamiento, y lógico que debe venir en primerísimo lugar de la propia industria que tiene un elevadísimo nivel de rentabilidad.

–¿Y qué pasó?

–De inmediato se dijo: “Esto es un atentado contra la libre empresa, no puede ser, no más impuestos”. Pero la gente necesita los caminos, hay que acelerar la construcción de escuelas y postas rurales. Entonces, yo no asumo la frase de que con los impuestos que hoy día existen es suficiente, porque, entre otras cosas, no sé sabe cuánto cuesta la reforma previsional, y cuando sepamos su costo tendremos que hablar de cómo financiarla.

–¿Es posible tener una agenda social tan ambiciosa y decir que los impuestos se mantienen como están?

–Creo que no, porque ahí el argumento de la bonanza del cobre no sirve. La reforma previsional requiere de un gasto permanente, y se va a instalar en la agenda la discusión respecto del financiamiento y, en consecuencia, también va a estar en la discusión el tema tributario.

–¿Es ineludible la discusión respecto al alza de los impuestos en Chile?

–Creo que es ineludible.

–¿Son bajos los impuestos a las utilidades?

–Los impuestos de primera categoría, es decir los impuestos a las utilidades de capital, hoy son bajos.

–Eso contraría un poco el discurso del establishment económico.

–No sé si lo contraría, pero es un dato de la realidad. Yo creo que el empresariado chileno lo sabe, a contrapelo de lo que piensa el establishment económico. El empresariado chileno está más preparado que esa propia elite para conversar del tema, porque tiene más experiencia que los tecnócratas.

–Más tablas.

–Más tablas, exactamente. Y saben que un país desintegrado, desde el punto de vista social, es un país inestable. El establishment empresarial entiende que este es un tema que no se puede eludir en los próximos años.

–¿Hay un divorcio entre la tecnocracia y el empresariado?

–Creo que hay inexperiencia, porque muchos de ellos vienen recién llegando a estas funciones públicas. Es el valor de gente joven de altísimas condiciones académicas, pero que comienza su servicio público y no por esa razón se les van a cerrar las puertas. LND

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