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FRANCIA: UN NUEVO MAYO DE 1968?


Miles de jóvenes amenazan con más manifestaciones, tomas de universidades y protestas callejeras en repudio de una nueva normativa impulsada por el Gobierno que pretende reducir el alto desempleo que afecta a ese sector etario de la sociedad.

a Nación

LORENA BELLEMANS

París

Un millón de manifestantes en las calles el martes, huelga de 47 universidades el miércoles, toma de la Sorbona con una treintena de heridos y 11 detenidos entre el jueves y el sábado... Así se resume la última semana en Francia. El motivo, el CPE (Contrato Primer Empleo), propuesto por el Primer Ministro Dominique de Villepin, donde los jóvenes menores de 26 años comenzarán a ser puestos a prueba por dos años antes de poder acceder a un contrato fijo.

Pero la causa más profunda es el inmovilismo y la falta de horizonte para una parte de la sociedad que se siente ignorada por el Gobierno al momento de lanzar sus políticas, juzgadas indispensables para tomar al fin el tren del liberalismo, al que Francia intenta subirse desde hace décadas.

Estos mismos sentimientos de frustración juvenil fueron los detonantes de los motines callejeros del año pasado en varios suburbios de París y varias otras ciudades.

Pero la causa puntual de la actual reacción juvenil es el Contrato de Primer Empleo propuesto por De Villepin y que comenzará a ser aplicado desde esta semana.

Concebido para paliar la cesantía endémica que sufren los jóvenes entre 25-35 años (la cual supera el 30% en este sector etario, mientras que a nivel nacional es de 9% desde hace más de 10 años), este nuevo tipo de contrato fija un “período de prueba” de dos años para quienes recién se incorporan al sistema. Los conservadores dicen que la mayor flexibilidad impulsará a las compañías a tomar más empleados.

“Estamos en liquidación”. “El liberalismo no impondrá su ley”. “No heredemos precariedad a nuestros hijos”. Así rezaban las pancartas de entre cuatrocientos y un millón de jóvenes (las cifras varían según las fuentes) que iniciaron su protesta el martes 7 de marzo en las calles de toda Francia. “Estamos delante de un Gobierno que no escucha a su pueblo. Por ello es que no nos queda otra alternativa que salir a la calle”, dice Thibaut, de la Universidad Paris 1 Tolbiac.

“El empleador va a poder echarnos cuando quiera ¿qué institución financiera va a darnos crédito si no tenemos un trabajo fijo? Somos peones, que no valemos, no pesamos nada, pareciera que estamos en liquidación”, afirmó Eloise, 20 años, portavoz del comité de movilización de la asamblea general de estudiantes de la universidad de Nanterre.

“Villepin dice que será inflexible... pero somos nosotros los que hasta ahora hemos sido demasiado flexibles... las manifestaciones serán más numerosas si no nos escuchan”, advirtió.

La presión ya se hace notar: De Villepin permaneció ayer en París para enfrentar la crisis y responder preguntas en el Parlamento mientras el Presidente y los demás ministros se encontraban en Berlín.

¿UN NUEVO 1968?

Mientras el Parlamento francés aprobaba el jueves el CPE, los jóvenes construían barricadas con sillas y mesas, bloqueando las puertas de entrada a la Sorbona, el símbolo de la movilización juvenil desde 1968. Como si esta actitud marcara el despertar de la juventud frente a una sociedad inmóvil, nostálgica de un pasado glorioso que ya no existe o bien ya no alcanza para todos.

Pero a diferencia de la toma del ‘68, un movimiento esencialmente parisino y burgués, el fenómeno de esta semana ha traspasado tanto las fronteras de la capital como las fronteras sociales. París, Saint-Denis, Créteil, Nanterre, Toulousse, Nantes, Grenoble... A todos los une la misma angustia: un futuro cada vez más incierto.

Lo que está en juego hoy en día es un modelo económico y social que los jóvenes tratan de salvar, mientras el Gobierno intenta desesperadamente cambiar el llamado “Estado-providencia” en nombre de la integración económica mundial.

Tal como en 1968, el movimiento amenaza con implicar a los trabajadores. Trece sindicatos han declarado su apoyo a la demanda estudiantil de retiro total del CPE.

Sea cual sea el desenlace, Dominique de Villepin expone con su arriesgada maniobra su imagen presidenciable a sólo meses del inicio de las campañas, favoreciendo sin querer a su rival al interior de la derecha, Nicolás Sarkozy.

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